Hace muchos años que estuve aquí, algo así cómo 22 por lo menos, así que esta vez más que una visita normal va a ser una visita casi arqueológica. Con otro amigo más (Juan) nos decidimos a visitar la zona donde está situado el pueblo, saliendo desde la parte cantabra de Fuente Dé, atravesando los puertos de Aliva hasta llegar al pueblo de Sotres y desde allí por el collado de Pandebano bajar hasta el pueblo de Bulnes.
El motivo de la visita surgió de ver en televisión (la primera cadena de antes) un reportaje sobre la ascensión al famoso Naranjo de Bulnes, estaba claro que nosotros no íbamos a subir al Naranjo pero nos picó la curiosidad y decidimos irnos hacia allá.
El año anterior habíamos estado en la parte más asturiana de los Picos, por la zona de los Lagos de Covadonga, así que este año estaríamos más hacia la parte oriental, más por la zona cantabra aunque acabaríamos por introducirnos al final de nuestro viaje de nuevo en la parte asturiana del macizo.
Mapa de Asturias siglo XVIII
Estación FEVE Bilbao-Santander
Pasamos la noche en un refugio medio en ruinas que está al lado de la estación superior del teleférico, éramos seis personas allí, cenamos y nos fuimos a dormir, a la otra mañana teníamos que madrugar por que teníamos un camino un poco largo y los compañeros que estaban con nosotros también tenían un buen montón de kilómetros por hacer, así que después de cenar rodeados de velas por que por no haber no había ni siquiera luz eléctrica, nos fuimos a dormir.
La mañana siguiente amaneció nublada, apenas se veían los picos que nos rodeaban y mirar hacia abajo en dirección a la estación inferior del teleférico era una misión imposible, no se podía ver nada, todo estaba tapado por una capa inmensa de nubes grises, lo curioso es que durante el tiempo que tardamos en almorzar las nubes comenzaron a retirarse y cuándo comenzamos nuestro camino prácticamente ya no quedaba una a nuestro alrededor, lamentablemente mirando hacia abajo al valle la cantidad de nubes seguía siendo la misma.
Refugio de Cabaña Verónica
La mañana siguió poniéndose calurosa tal y como iba subiendo el sol, estábamos a mediados de agosto y se notaba, nuestro camino siguió en bajada hasta girar a la izquierda a la altura de la ermita de la Virgen de las Nieves para comenzar a circular sobre la Lomba del Toro en dirección al pueblo de Sotres, la ermita se veía empequeñecida a lo lejos bajo nosotros rodeada por aquellas grandes alturas de piedra caliza que nos rodeaban, después de hacer unas fotos seguimos nuestro camino.
Seguimos de frente y al poco el camino fue perdiendo altura hasta que nos pusimos a cinco o seis metros sobre el río Duje - el mismo que cruzamos al poco de comenzar nuestro camino - bajamos en una carrera y bebimos un buen trago de fría agua, después de descansar un rato seguimos camino abajo.
Al cabo de unas horas llegamos a Las Vegas de Sotres, una acumulación pequeña de majadas perteneciente al pueblo del mismo nombre, allí nos dejamos caer al suelo a punto de desfallecer y decidimos quedarnos a comer y descansar todo lo que fuera posible, total aun quedaba mucho día por delante y suponíamos que el pueblo no se iba a ir de su emplazamiento.
Después de comer y casi a regañadientes volvimos a colgarnos las mochilas y continuamos en dirección al pueblo, en unas horas llegamos al lugar aunque tengo que reconocer que la ultima subida por la carretera casi acaba conmigo, no se que desnivel debe de tener dicha carretera pero para mi fue como si subiese al Everest, aunque supongo que también tendría mucho que ver en el caso las horas de caminata que llevábamos en el cuerpo, así que casi, casi, arrastrándonos nos plantamos - por fin - en la plaza del pueblo de Sotres.
Después de volver a Casa Cipriano y estar un rato tomándonos una cervecilla en el bar nos fuimos a cenar a un pequeño local que estaba al otro lado de la plaza del pueblo, allí después de una entretenida charla y otra cervecilla nos recomendaron cenar cabrito asado y la verdad es que hicimos bien en aceptar el ofrecimiento, anda y que no estaba bueno ni nada, aunque antes nos sirvieron unas tapitas de Cabrales que para qué voy a decir nada, os pongo abajo una descripción de dicha tapa por si alguno os animáis. Lo gracioso vino después de cenar, al salir a la calle ya era noche cerrada - eran cerca de las diez - ya salíamos un poco achispadillos entre las cervecillas y el vinillo de la cena pero es que al salir nos dimos cuenta de que había desaparecido el pueblo, estaba todo oscuro y no había una farola en todo el pueblo, aquello estaba como la boca de un lobo (que se suele decir)
La única luz existente en todo el pueblo era una bombilla que estaba sobre la puerta de la fonda Cipriano y claro llegar hasta allí fue toda una odisea, para que os voy a explicar, la cosa fue que llegamos y de allí a la cama y hasta el otro día.
Receta
- Coger un plato llano y llenarlo de Orujo hasta la mitad de su capacidad.
- Cortar unos taquitos de queso de Cabrales y meterlos dentro del plato.
- A continuación con un tenedor aplastar los taquitos de queso hasta que absorvan todo el Orujo.
- Una vez reducidos los taquitos a una papilla cortar unas rebanadas de pan y extender dicha papilla sobre ellas.
A partir de aquí: "Que la fuerza os acompañe ja,ja,ja..."
Ermita Ntra. Señora de Las Nieves
Las Vegas de Sotres desde el
camino de subida a Pandebano
A la mañana siguiente nos subimos en el todo terreno del Sr. Cipriano y con este nos subió hasta casi la cima del Collado de Pandebano, allí nos despedimos del Sr. Cipriano y comenzamos a ascender el corto trecho que nos separaba de la cima del puerto a 1218 M de altura, una vez allá arriba descansamos y le dimos un vistazo a la zona, la verdad es que es una zona muy bonita de los Picos, estábamos en la encrucijada de los dos principales caminos, el que seguía recto y llevaba atravesando el Collado en dirección descendente hasta Bulnes y el que salía hacia la izquierda y seguía ascendiendo un trecho y llevaba hacia el refugio de La Terenosa y de allí hasta el Naranjo de Bulnes.
Nosotros tras descansar seguimos recto directos hacia Bulnes, el camino era estrecho pero no estaba mal del todo lo único molesto era una pequeña inclinación del mismo hacia la izquierda, pequeña inclinación que cuándo me quise dar cuenta de ella estaba tirado de barriga sobre un montón de zarzas sin saber que hacía allí. Gracias a Juan volví al camino y seguimos circulando, tras unos pasos de nuevo estaba de barriga sobre las zarzas por segunda vez en cinco minutos, o yo estaba muy torpe o el camino estaba embrujado, yo sinceramente opino que lo primero. Otra vez tuvo Juan que sacarme de las zarzas, así que evitando despistarme ninguna vez más seguimos camino adelante, más que un experto montañero parecía más bien que iba pisando huevos, pero…más vale prevenir que curar, ya se sabe.
Allí nos tropezamos con Barry él encargado del local, nos comentó el precio de la estancia - la verdad es que no recuerdo el importe, que le vamos ha hacer, uno se va haciendo mayor - y nos enseñó las estancias del refugio, en la planta baja estaba la cocina y el comedor con largas mesas de madera y bancos a lo largo de las mismas, en una de las paredes habían unas grandes estanterías de madera donde dejar las botas y las mochilas y un pequeño armario con sus correspondientes puertas de vidrio - subido todo a "lomos" de Barry y otros amigos - lleno de libros sobre alpinismo, rutas, ecología (de la época) y un montón de cosas más.
En la planta superior estaba el dormitorio, una habitación grande con un montón de literas en dos alturas y dos grandes claraboyas en el techo, lamentablemente no había servicios, si querías hacer caca o pipi tenias que darte un paseito por detrás del edificio e irte a la montaña, que le vamos ha hacer no se puede tener todo ¿no?
Dejamos las mochilas arriba y bajamos a comer, Marino un compañero de Barry hacía las veces de cocinero y guía de excursiones, nos sentamos a una de las mesas y acompañándonos ellos también le hicimos los honores a una buena perola de lentejas, que después de la paliza que nos dimos nos supieron a gloria bendita, ya os lo aseguro yo.
Después de comer salimos a la pequeña plaza que había frente al edificio del albergue ha charlar un rato, mientras estuvimos allí Barry nos contó la historia del pueblo y el refugio, nos comentó que en el primer censo de población al que tuvo acceso - de primeros del siglo XX - lo componían 340 habitantes, aunque en el censo de 1970 se habían reducido a ¡ 95 ! y con el agravante que en aquella época (1988) según él no quedaban ni la mitad. Aunque lo increíble es que en la actualidad (2009) sólo quedan en el pueblo ¡¡¡ 23 !!! vecinos. Según nos contó Barry parece ser que el origen del pueblo se pierde en la época romana, el resto del tiempo hasta nuestros días Bulnes pasó sin pena ni gloria, viviendo del pastoreo y la fabricación artesana del famoso Queso de Cabrales, la Guerra Civil tuvo una incidencia prácticamente nula en el pueblo, así que desde hace 2000 años la historia y la vida del pueblo se mantiene cómo un encefalograma plano.
El edificio donde estaba el albergue lo había comprado el Gobierno Asturiano hacia poco tiempo - creo que Barry me comentó unos cinco años, la verdad es que no lo recuerdo exactamente - púes se dieron cuenta que había aumentado el paso de alpinistas y turistas por el pueblo en dirección al Naranjo de Bulnes y hacía falta un lugar donde descansar ante de comenzar el camino de subida a la montaña, así que Barry se había decidido a instalarse como guarda del albergue y allí nos lo encontramos, amigos como Marino y unos cuántos más le echaban una mano durante el verano.
Mientras seguíamos conversando allí aparecieron una pareja de Madrid - Belén y Vicente - con los que acabaríamos haciéndonos buenos amigos en los dos días que estuvimos en el pueblo.
Cómo Barry y Marino tenían que seguir con sus cosas los demás nos dedicamos a dar una vuelta por el pueblo para conocerlo un poco. Durante esa tarde recorrimos el mínimo casco urbano de Bulnes haciendo fotos y hablando con sus habitantes (pocos, eso si) todas las casas estaban construidas con grandes trozos de rocas graníticas y techos a dos aguas - que por cierto teniendo en cuenta la cantidad de nieve que suele caer en invierno me parecieron con muy poca inclinación - al poco nos tropezamos con él Sr. José, un habitante del pueblo bastante mayor - creo que me dijo que tenia sesenta y pico de años - y con evidentes problemas de vista, no llevaba gafas pero la verdad es que creo que le habrían ido muy bien, aunque aun así él hombre se defendía la mar de bien por el pueblo y los alrededores, debía ser ya por la costumbre; mientras hablábamos con él nos invitó a visitar su casa, le seguimos y al momento nos encontramos allá, una vez allí nos presentó a su mujer - la Sra. Manuela - y a una vecina que estaba de visita allí (no recuerdo el nombre de esta)
La casa tenía enormes muros (casi medio metro de espesor) y pequeñas ventanas, además estaba toda prácticamente barnizada de color negro debido a la combustión de madera de la cocina, la vida de la familia se hacía aquí en la cocina al lado de la lumbre prácticamente encendida todo el día. Estuvimos un buen rato allá hablando con ellos y riéndonos las gracias mutuamente, ellos preguntando sin parar por todas esas cosas que siempre los habitantes de los pueblos preguntan a los de la ciudad y con nosotros cuatro tenían una buena oportunidad púes unos vivían en Madrid y nosotros en Barcelona así que más diferencia con su pueblo era imposible, que si había tanta gente, que qué era eso del Metro, si era verdad que circulaba por debajo de la tierra ( si, si, realmente increíble la pregunta en 1988) si teníamos agua corriente o íbamos al pozo, si habían tantos coches cómo les habían dicho y una sucesión de preguntas que nos dejaban a los cuatro completamente descolocados a aquella altura de siglo XX.
Realmente parecía que estábamos hablando con indígenas de algún perdido lugar del África de mediados del siglo XIX cuándo eran descubiertos por la "civilización" del hombre blanco. Aunque ellos también habían "viajado" estuvieron dos o tres veces en Oviedo para ir al médico aunque la odisea para llegar hasta allí les costaba dos días para una visita de una hora, el viaje consistía en bajarse andando por Las Salidas hasta la central eléctrica de Puente Poncebos, allí coger un taxi o a algún vecino que les hiciese el favor de acercarles hasta Arenas de Cabrales y allí esperar el autobús de la tarde para que por fin les llevase hasta Oviedo, allí pasaban la noche en una pensión, al día siguiente iban a la consulta del médico y a continuación volvían a repetir todo el proceso anterior pero al revés, acabando subiendo por el desfiladero de Las Salidas de nuevo pero llegando prácticamente a oscuras a su casa; todo esto que nos puede parecer increíble seguía pasando cuándo estuvimos allí, agosto de 1988.
Durante las horas que estuvimos allí la Sra. Manuela nos enseñó cómo se hacía el pan y al final nos regaló uno para cenar aquella noche, nos volvimos tan contentos nosotros con nuestro auténticamente artesano pan al refugio, allí seguimos nuestras conversaciones con Barry y Marino, las comenzamos en la glorieta frente al refugio pero el fresquito nos hizo entrar al refugio - a la parte que anteriormente habían sido las cuadras - ahora estaban intentando arreglarlo para convertirlo en un pequeño bar, aunque se encontraron con una roca enorme que se lo estaba poniendo bastante difícil, lo gracioso era que habían convertido el antiguo abrevadero para el ganado en un frigorífico lleno de cervezas y refrescos, desde el río Bulnes entraba un pequeño canal al abrevadero y volvía a salir de este por el otro lado y volvía al río de nuevo, en el intermedio pasaba por el abrevadero y dejaba todo lo que había dentro prácticamente congelado, había que echarle un par de c… para sacar algo de dentro y después bebértelo ja,ja,ja…
Al poco rato cuándo estaba prácticamente anocheciendo llegaron dos personas más un muchacho de Baleares y un guía que había contratado para que lo llevase por los Picos, la verdad es que no recuerdo sus nombres, él muchacho había contratado a esta persona a través de una empresa de guías y escaladas de la que era parte propietaria dicha persona y llevaban tres días pateando la zona, esa tarde venían desde la zona de Áliva igual que nosotros y al día siguiente se irían hacia la zona del Naranjo aunque no iban a escalarlo sólo a visitar la zona de alrededor y seguirían su camino.
El guía era conocido de Barry y Marino y estuvieron hablando bastante rato entre ellos mientras los demás escuchábamos sus aventuras.
Aunque al final ya un poco cansados decidimos irnos a cenar y a dormir que ya tocaba. No recuerdo que cenamos pero si recuerdo que fue una cena muy "romántica" iluminada por un montón de velas, siguió una sobremesa muy animada y por fin decidimos dar por acabada la jornada y subir a la habitación, la sorpresa fue al acostarnos en la parte superior de las literas y mirar a través de la gran claraboya que había en el techo, el cuadrado delimitaba una inmensa cantidad de estrellas cosa que nos dejó muy sorprendidos a casi todos púes no lo habíamos visto desde hacia mucho tiempo, al vivir en Madrid y Barcelona la verdad es que no hay demasiadas oportunidades de ver semejante espectáculo, y la verdad es que se agradece.
La otra mañana amaneció tarde al estar el pueblo rodeado por las peñas, los primeros en salir fueron el compañero que viajaba con él guía, almorzaron rápido y salieron en dirección a la pista que sube hacia el Naranjo de Bulnes, los despedimos en la puerta del refugio y vimos cómo cogían el sendero que subía por detrás del pueblo en dirección a la Canal de Valconsin para seguir por la Canal de Camburero y llegarse hasta Vega Urriello, aún les quedaban unas cuántas horas pero iban con buen paso, nosotros volvimos a entrar en el refugio y procedimos a almorzar todos juntos, después volvimos a subir a la habitación y recogimos los sacos y demás trastos que habíamos dejado por allá.
Una vez adecentados volvimos a salir del refugio y seguimos recorriendo el pueblo, estuvimos hablando un rato con algunos de sus habitantes yo haciendo fotos - y Juan su película de Súper 8 - volvimos a pasarnos por casa de la Sra. Manuela, les saludamos y estuvimos un rato de conversación con ellos y seguimos nuestro recorrido.
Pasamos por delante de una de las casas en la que nos dijeron Barry y Marino que había una pensión con un par de habitaciones que regentaba él alcalde pedaneo en aquellos días, así cómo un pequeño bar, pero parece ser que la relación entre la pensión y el refugio no era todo lo buena que podía ser, la verdad es que tampoco nos explicaron - o no quisieron hacerlo - cuál era realmente el problema, lo dejaron en el aire con un: mejor no decir nada. Bueno ellos mismos, nosotros tampoco podíamos hacer nada, así qué…
Una vez recorrido el núcleo del pueblo nos fuimos en dirección a Las Salidas, el camino que enlaza el pueblo con la carretera en Puente Poncebos, cruzamos el puentecillo de madera medio podrido que cruza el río Bulnes y nos dirigimos hacia la iglesia de San Martín, un minúsculo templo románico encarado hacia el pueblo y muy bonito - por lo menos para mi - aunque bastante dejado de la mano de Dios, por lo menos en aquellos tiempos, justo al lado está el cementerio que cómo curiosidad hay que decir que en tiempos estuvo completamente techado para evitar desperfectos por culpa de los aludes, cosa bastante habitual por cierto.
En la puerta del cementerio en el año 1976 un grupo de montañeros asturianos colocaron una placa conmemorativa en recuerdo de Luís Martínez "El Cuco" que fue la primera victima de la que se tenga noticias (1928) al intentar la subida al Naranjo de Bulnes.
Pasamos por delante de la puerta del cementerio y seguimos nuestro camino, camino que al día siguiente seguiríamos en su totalidad, bajamos hasta el Puente de Colines donde se bifurca el camino en dirección a Bulnes el Castillo, antes de llegar a Colines tuvimos que subirnos un momentito a la ladera de la montaña y dejar el camino libre púes venían en dirección contraria una reata de cinco o seis burros y claro no podíamos competir contra ellos, así que hubo que dejarles pasar.
Volvimos a bajar hasta el río bebimos unos tragos de agua fresquita - más bien congelada - y nos volvimos hacia el pueblo paseando tranquilamente y haciendo fotos - que le vamos ha hacer, es un vicio - había tantas cosas que fotografiar que si hubiese sido ahora habría hecho miles, pero por suerte en aquella época la fotografía era química y esto te hacia ser selectivo, toda una suerte, por cierto.
En un ratito volvimos a cruzar la ruina de puente sobre el río Bulnes y nos sentamos a las puertas del refugio ha hablar e intercambiar opiniones y pareceres entre nosotros, la verdad es que muy sorprendidos todos por ver la manera de vivir de aquellas personas a aquella altura de siglo XX, no había luz eléctrica, ni agua corriente, ni teléfono, ni carretera, ni cloacas, ni medico, ni asistencia sanitaria de ningún tipo, ni nada que diferenciase el Paleolítico Inferior de la edad moderna, y lo más curioso es que desde el año 1929 en Puente Poncebos existía una central eléctrica donde aprovechaban las aguas del río Cares para producir energía eléctrica y la línea telefónica más cercana la tenían en Arenas de Cabrales hacia por lo menos cuarenta años pero en el año 1988 estaban cómo estaban hacía cientos de años, prácticamente incomunicados del resto del mundo.
Gracias a una emisora de radio pueden comunicarse con la Guardia Civil o con algún medico en caso de necesidad urgente, pero de eso sólo hace unos pocos años, ahora también disponen de helicópteros del Gobierno Asturiano para casos de emergencia.
Volvimos a entrar en el refugio y nos fuimos a comer y a planificar lo que haríamos por la tarde, allí le echamos entre todos - menudo desastre, por cierto - una mano a Marino a la hora de hacer la comida y nos dispusimos a hacer los honores a un buen plato de macarrones con tomate, después el cafetito y algunos la copita de licor de hierbas, aunque viendo la cara que puso Belén después de probarlo parece ser que no estaba demasiado apetecible, en fin, tiene que haber de todo, y cómo "semos" españoles acabamos la comida con una siestecilla.
Una vez acabada la siestecilla nos decidimos a conocer la otra parte del pueblo, llamado El Castillo, está situado a unos quince minutos andando desde la plaza de Bulnes por un caminito de tierra y piedras no demasiado bien conservado pero fácil de andar por el, el núcleo de El Castillo está situado cien metros más alto que La Villa - exactamente a 730 M de altura - y prácticamente es una copia exacta de La Villa, sus casas son prácticamente iguales en su construcción y disposición de ventanas y puertas, aunque la disposición de las casas no era la misma que las de La Villa, allí las casas estaban muy juntas formando un núcleo más o menos rectangular, y en El Castillo las casas estaban situadas a lo largo de una imponente cresta rocosa que servia de fabuloso mirador sobre el desfiladero de Las Salidas (o canal del Tejo), al estar situadas en fila a lo largo de la cresta las casas estaban mejor iluminadas que las de La Villa y mejor ventiladas.
El Castillo estaba rodeado por praderas en las laderas del Monte del Acebuco plantadas de forraje para los animales y sirve de base también para seguir recorriendo el macizo de los Picos, estuvimos por allá durante toda la tarde pero lo que si me chocó bastante fue no encontrar a nadie por las calles, ni ver signo alguno de vida en ninguna de las casas por las que pasamos, aunque también hay que reconocer que tampoco vimos a nadie en los campos que rodeaban al pueblo, la verdad es que era una sensación rara, en La Villa tampoco es que hubiese una aglomeración humana importante pero por lo menos veías gente, pero aquí la verdad es que daba la sensación de ser un pueblo fantasma.
Acabamos de hacer una fotos y decidimos volver a la "civilización", comenzamos a bajar hacia La Villa y fue la única vez que encontramos a un habitante de El Castillo, hacia nosotros subía un perro muy bonito, se paró a nuestro lado y Belén y Juan se pusieron a acariciarlo y a jugar con el durante un rato, después continuó su caminar y nos dejó allí, así que seguimos en dirección al pueblo, al poco llegamos al refugio, allí le comenté a Barry cuánto tiempo podríamos tardar en llegarnos hasta el Naranjo y la sorpresa me la llevé yo cuándo me contestó que si quería lo podía ver sin moverme del pueblo, me indicó la ladera de enfrente del refugio (una parte del Molín de los Callos) y me dijo que subiendo por ella a cierta altura y mirando en dirección al Canal de Valcosin si había suerte y no había nubes lo podría ver.
Así que Vicente y yo nos decidimos a ir para allá, en menos de una hora habíamos trepado a la altura suficiente entre las piedras sueltas de la morrera, nos sentamos a descansar al solecito e intentamos buscar con la vista al Picu en la dirección que nos había señalado Barry, habían unas cuantas nubes bajas pero decidimos esperar un poco, así que hicimos bien, al poco rato empezaron a moverse y en un momentito pudimos ver más de la mitad del Picu frente a nosotros, así que cogí la cámara la levanté rápidamente y tuve el tiempo justo de hacer una única foto, al momento se volvieron a cerrar las nubes y la imagen desapareció, esperamos un poquito pero decidimos volver al refugio pues estaba empezando a irse la luz y había que bajar por la morrera de piedras sueltas y podría resultar peligroso, al poco rato llegamos al refugio.
Esta fue nuestra ultima cena en Bulnes, estábamos solos los ocho en el comedor con una buena perola de lentejas estofadas y unas botellas de vino al lado, rodeados de velas y risas pasamos unas horas charlando y explicando batallitas, poco a poco la gente se fue yendo a dormir, al final nos quedamos solos Belén y yo, decidimos quedar bien con Barry y Marino y nos pusimos a fregarles los platos, la perola y la cocina, dejamos todo como los chorros del oro; al acabar salimos a la terraza del refugio y nos sentamos a ver las estrellas, aunque duró poco pues se nubló y Belén comenzó a tener frío así que nos volvimos al refugio y nos fuimos a dormir.
La otra mañana amaneció nublada como casi siempre, almorzamos nuestros tazones de café con leche y nuestras galletas María y acabamos de recoger los trastos, cerrar la mochila y seguimos con nuestros preparativos de marcha.
Después de almorzar nos fuimos hasta la casa de la Sra. Manuela para despedirnos, ella nos dio un salchichón para el viaje (que gracia nos hizo) y unos cuantos besazos, acabó soltando unas lagrimillas, Belén también estuvo a punto de hacerlo pero aguantó más, volvimos al refugio y acabamos de despedirnos de Barry y Marino, entre abrazos y palmadas en la espalda (de aquellas que te destrozan las paletillas) volvimos a colgarnos las mochilas y comenzamos a bajar por el camino de Las Salidas en dirección a Poncebos, comenzó a chispear y a bajar la niebla, al poco de comenzar nuestra bajada vimos por la parte de la izquierda de la montaña como trabajaban varios operarios de la empresa eléctrica de Poncebos colocando un poste de madera detrás de varios que ya habían puesto. Parece ser que ya se merecían los habitantes de Bulnes la gracia de disponer de energía eléctrica después de más de sesenta años de tener a unos pocos kilómetros una central, como se dice vulgarmente mejor tarde que nunca.
Poco después de cruzar el puente llegamos a Puente Poncebos, hicimos nuestra triunfal entrada en el bar del restaurante, aunque la verdad es que nadie reparó en nosotros, en fin, nos agenciamos una mesa y decidimos darnos una merecida recompensa así que procedimos a almorzar por segunda vez, está vez pasamos directamente de las galletas a los bocadillos de jamón. Después de acabar con los bocadillos me informé de cómo bajar a Arenas de Cabrales, el propietario del bar nos consiguió un "taxi" y por un módico precio nos bajó a los cuatro y nuestras respectivas mochilas hasta Arenas.
Allí estuvimos unas tres horas esperando bajo la lluvia el autocar que nos iba a llevar hasta Cangas de Onís, fueron unas horas muy entretenidas aunque largas y húmedas, pasamos el rato explicándonos mutuamente cosas de nuestras ciudades, trabajos y cosas así, estábamos en la puerta de unos "grandes almacenes" que estaban en la misma plaza donde tenia su parada el autocar de línea que venia desde Santander, así que procedimos a merendar (que hambre teníamos en aquellos días…) al poco de acabar de merendar llegó el autocar, habrían unas diez o doce personas así que dejamos las mochilas en la bodega del coche y subimos yéndonos directamente a los últimos asientos que estaban libres.
Fueron sólo dos días, pero fueron días muy intensos, conocimos gente muy maja, un lugar increíble, un montón de problemas, unas posibles soluciones y un modo de vida que estaba llegando a su fin, aunque muchos de sus protagonistas todavía no lo sabían, nosotros gente de gran ciudad si que lo veíamos venir pero no creo que hubiésemos hecho bien en avisarles, todavía eran personas felices (a su manera) y mayores la mayoría por lo tanto - y por desgracia - creo que muchos de los protagonistas de nuestros encuentros no habrán visto como ha acabado su pueblo.
Durante algunos meses después de nuestra despedida en Cangas de Onís seguimos carteándonos con Belén y Vicente pero un buen día se acabó la comunicación - aún no sabemos por qué - y desde entonces no sabemos nada de ellos, ojala hubiese existido interné en aquellos tiempos, quizás ahora seguiríamos en contacto…
Hace unos días cuándo comencé a recopilar información para este artículo me encontré con la sorpresa de que el antiguo refugio ahora es una casa rural la mar de chula, que también hay otra casa rural - bar - restaurante en el pueblo y sobre todo y lo más importante es que desde hace unos años los habitantes, y sobre todo los turistas, disponen de un funicular que en apenas unos minutos te sube desde Puente Poncebos hasta Bulnes ahorrándote la paliza y sobre todo el peligro físico de subir por el desfiladero de Las Salidas. La civilización ha llegado por fin a este recondito lugar de los Picos de Europa, ¿esto es bueno o malo? Depende quién conteste la pregunta, claro, creo que en el fondo a sido una cosa buena para ellos, les ha facilitado el entrar en el mundo moderno de una vez, cosa a la que tenían el mismo derecho que tenemos todos los demás, pero quizás por el camino también se han dejado un buen bagaje de experiencias y sapiencias que quizás los nuevos habitantes y visitantes de hoy no tengan, y lo que es peor, no recuerden.
No se si algún día volveré a Bulnes, espero que si, pero no creo que mis recuerdos y la realidad se parezcan mucho, me alegro por los habitantes del pueblo de que la cosa les vaya bien, también me gustaría poder ponerme en contacto otra vez con Belén y Vicente, ahora que si que existe interné me gustaría que se pusieran en contacto conmigo (lo podéis hacer a través del formulario de arriba de la pagina, o directamente al correo: antoniopsanchez61@yahoo.es, os espero)
Refugio de Vega Urriello,
al fondo el Naranjo de Bulnes
Vicente y yo subiendo para
intentar ver el Picu
El grupo de "descamisaos" de Bulnes
Meryl Streep y Clint Eastwood
en los Puentes de Madison